Luto en el cine

Luto en el cine  

(Acerca de la reciente muerte de los directores Ingmar Bergman y Miguelangelo Antonioni sucedida el mes pasado)

texto de JAIME CORONIL

 

  Algunos comentarios ya anuncian que luego del fallecimiento de estos dos grandes cineastas: Ingmar Bergman (Suecia, 89 años) y Miguelangelo Antonioni (Italia, 94 años), le seguirían el deceso de otros dos grandes más por su extrema longevidad en el ejercicio fílmico: Jean Luc Godard (Francia, 87 años) y Manuel de Oliveira (Portugal, 98 años), estamos hablando de octogenarios haciendo cine de alta calidad, profesionales del arte cinematográfico que ya cierran un capítulo de sus vidas, su obra (en el caso de Bergman son 70 películas, sin contar lo realizado en televisión y el teatro) y fundamentalmente un capítulo del cine.

  El luto es definido como la situación  ó el estado anímico posterior a la pérdida de un ser querido, la rebosante obra de estos autores fallecidos conjunto al sentimiento de agradecimiento (que uno como amante del séptimo arte experimenta) por habernos ligado un gran trozo de la historia del cine y por haber creado visiones artísticas tan potentes, genuinas, únicas… Es casi una relación afectivo-espiritual que uno tiene con su obra en medio de este luto.

  Este escenario de condolencia se exagera al revisar la riqueza de las creaciones que nos aportaron contrastado al hecho de nuestro ejercicio cotidiano de consumo audiovisual de chatarra que nos entretiene y regocija: arriendos de estrenos en Blockbuster, avants premieres en las salas de un Cinemark, series de TV tipo HBO OLE, programas de TV “chabacaneros”.

  Considerando la complejidad de lo planteado en las imágenes de sus creaciones ( lo filosófico, lo teológico, lo sociológico, lo psicológico, lo estético, lo poético) y la presencia del rasgo de “ la incomodidad” de la experiencia estética (en el arte a veces el espectador debe someterse a lo incomodo de la propuesta, para que el arte sea una experiencia en si misma que nos saque de nuestro cómodo sillón), debemos entender que no nos enfrentamos a una pieza de Bergman y/o Antonioni como nos sentamos ligeramente a ver cualquier salchicha producida en Hollywood, esto nos hace constituir un criterio distinto, nos educa sobre el significado de contemplar o valorar la imagen o las imágenes de los medios, ya sea: como consumo ligero y banal, ó como experiencia profunda del arte.

  En cuanto a lo particular de las visiones que desarrollaron estos creadores, podaríamos decir que estos directores han sido a la vez  artistas plásticos de la imagen en movimiento, pintando (en varias ocasiones) un retrato sobre la intimidad más profunda de las relaciones y sobre el sentido de la existencia humana, en varias películas de Bergman como de Antonioni , un hombre y una mujer llenan un espacio vacío con sus conflictos de pareja, sus inseguridades, sus pasiones, sus crueldades, sus dependencia, quedando al final de la película como algo insignificante todo lo anterior ante la soledad de la existencia, el cuadro que han pintado ya no los convierte en pintores sino en filósofos del cine.


La verdad es que mi experiencia personal me ha llevado (más de manera azarosa) a acercarme más al sueco que al italiano, independiente del interés que siento por los dos, cuando una vez en la universidad al escuchar que Bergman estaba fuertemente influenciado por la corriente filosófica existencialista, corrí (cayendo casi en una actitud un poco vergonzosamente esnobista) a un ciclo de reposiciones sobre la obra del cineasta sueco, del conjunto de obras me fueron soportables las 3 primeras, de las cuales no fui capaz de comprender ninguna, todavía recuerdo como nos reíamos con un viejo amigo por nuestra conducta un poco sádica de soportar dos horas y media (tres horas en algunos casos) de un film absolutamente denso y críptico para uno en aquel momento. Con los años he sido capaz de sentarme a ver y disfrutar de las obras de Bergman, conociendo sus famosas 5 etapas creativas, informándome sobre su trabajo como director teatral y sus experimentos en la televisión sueca, dejando impregnar mi retina de imágenes que nunca olvidaré: el conflicto paternal entre Alexander y su padre que fallece interpretando a Shakespeare sobre las tablas en “Fanny & Alexander”(1982), la muerte como Memento Mori (el leit motiv del medioevo) jugando ajedrez con el protagonista de la película así como el autosacramental (procesión cristiana) que recorre el pueblo feudal mientras la peste asota en “El Séptimo Sello” (1956), el niño perdido en los pasillos de un hotel que se encuentra con un grupo de enanos mientras allá afuera esta la guerra en “El Silencio” (1963), la cámara encuadrando los rostros de una angustiada actriz y su enfermera cuando sus identidades se trasponen en “Persona”(1966), la incomunicación que limita la relación de un madre (Liv Ullman) y su hija enajenada cuando su mirada se desvía de la locura a través del tacto del amor maternal  en los últimos minutos de “Saraband”, la madre toca el alma de su hija, tanto así como en los últimos minutos de película, Bergman es capaz de conmover nuestro espíritu  y despedirse con su trabajo final.

  .. Tantas imágenes hermosas, la verdad es que no sé cuales corresponderían a este luto, ¿Quiénes serán los próximos creadores? que con esa mirada feroz puedan desnudar la existencia humana y llevarnos a la contemplación de una imagen creada por un artista como hecho genuino de la creación artística.

 

                                         

Jaime Coronil Urtubia.

 


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