M, EL VAMPIRO - FAUSTO


Friedrich Christian Anton Lang, o Fritz Lang, nace el 5 de Diciembre de 1890  en Viena, Austria, y fallece el 2 de Agosto de 1976 en Hollywood. Desarrollo estudios de bellas artes y arquitectura en Austria, Alemania y después en París. No continuó una carrera promisoria de pintor ya que unos amigos que trabajaban en la naciente cinematografía lo invitaron a trabajar, encontrando allí su vocación.
Como soldado en la primera guerra fue herido y condecorado como héroe. En una de las hospitalizaciones debió pasar dos años recuperándose, escribiendo guiones que vendió al popular productor Joe May, decepcionándose al no aparecer en los créditos. Este hecho, vergonzoso, según relata en su biografía, le sirvió para dar cuenta que su guión no había sido respetado y lo llevó a valorar la función del director cinematográfico. Sus estudios de arte le serian muy útiles en su producción fílmica, instalándose como un cineasta innovador sobre todo en el uso de los encuadres, de la luz y las sombras, denotando la fuerte influencia del expresionismo. Su obra también es reconocida por el uso de reflejos en espejos y vidrios, por encuadres con rigor geométrico.
En 1917 ya escribía guiones de suspenso y terror y se ha establecido que debuta con “Halbblut”(1919) filme de amor dramático del cual se ha rescatado solo una sinopsis. La investigación postula que sus primeros filmes están perdidos, siendo para Lang producciones de menor importancia ya que eran hechas en solo cinco días. “Los Espías” (1919) es su filme más antiguo del que existe copia y el primero que se transforma en un suceso para el público. De este período alemán la mayoría de sus filmes fueron censurados con cortes en los negativos por la paranoia cultural nazi ocasionando una pérdida irreparable.
Su carrera recibió impulso con “La Muerte Cansada” (1921), pero fueron “Metrópolis”, “Los Nibelungos” y “M, el Vampiro de Düseldorf”, los que lo  transformaron en el cineasta alemán más reconocido en su época y en una leyenda de la cinematografía universal.
Fritz Lang comenzó a "construir" películas a fines de la década de 1910, asociado a su esposa Thea von Harbou y entre los años 1920 y 1933 va imprimendo la historia de la Alemania vencida de posguerra hasta el arribo del nazismo. Con el “Dr. Mabuse, el Jugador”(1922), aporta una alegoría luego de la humillante derrota. Con “Los Nibelungos” (1924) exaltó los mitos germánicos y predice el futuro "wagneriano" de promesas imperiales. Preocupado por el tema social con “Metrópolis” (1926), su película más conocida, nos propone una romántica solución. Más tarde, con “M, el Vampiro Negro” (1931), a la par que completaba su galería de criminales, mostró personajes oscuros metamorfoseando a la Alemania del futuro. Como para no dejar dudas, con “El Testamento del Dr. Mabuse” (1933) polemizó contra el nazismo. Hitler, a pesar de tenerle estima por la epopeya de Sigfrido, lo exilió. Lang se separó de su esposa, que permaneció fiel a Hitler.
A Estados Unidos Lang llegó como una leyenda viviente. Tanto en“Furia” (1936), su primera película en este país, como en “Sólo se Vive Una Vez” (1937), mantuvo como tema principal el de la crítica social. Víctima de algunos fracasos comerciales, la formula estadounidense de producción complicó a Lang, pero aprovechó intentando siempre filmar su mejor obra. A principios de los años '40 filmó algunos westerns notables destacándose  “Rancho Notorius” (1952) y luego realizó dos de sus películas favoritas: “La Mujer del Cuadro” (1944) y “Perversidad” (1945). Encasillado en el “cine negro” filmó “Mientras la Ciudad Duerme” (1956), otra obra fundamental para la cinematografía.
Tras un nostálgico regreso a Alemania siguió filmando, la edad lo achacaba, y luego de revivir a Mabuse con “El Diabólico Dr. Mabuse” (1960) y actuar en “Desprecio” (1963), de Jean-Luc Godard, se retira, afectado por la pérdida de la visión para morir en Los Ángeles, California.
Para Lang perfeccionista obsesivo el guión era una ley, escribía con precisión cada detalle del film a realizar y su estilo de narración tiene el rigor de la arquitectura. Los movimientos de sus personajes están siempre supeditados a su diseño que impone rigores indiscutibles. Dirigía a sus actores con marcas en el suelo e indicaba hasta el más sutil matiz de expresión que deseaba de ellos. La historia cuenta que Lang era implacable en sus rodajes, que imponía distancia y generaba odio, incrementado esto por la costumbre prusiana de usar un monóculo. Exigía una entrega total de sus técnicos y sus actores bordeando el maltrato.

Ivan Cardenas


Raúl Ruiz, probablemente él mas prestigiado cineasta chileno es  enfático en presentar a Friedrich  W. Murnau como el mayor poeta visual del cine mudo. “Un hombre que trató al cine como un arte cuando no mucho antes solamente era un entretenimiento de feria, fue uno de los principales artífices de la madurez del lenguaje cinematográfico y tenía tanta imaginación y valentía que creó una gran cantidad de inventos para dotar al cine de medios antes no imaginados, pero sobretodo fue un poeta de la imagen, capaz de llenar la pantalla de emoción y lirismo.”
La obra de Murnau si bien está catalogada en el cine expresionista clásico alemán, puedo discutir que con su visión documentalista fue más cercano a la escuela naturalista, queriendo siempre coger la realidad intentando alterarla lo mínimo posible. Las constantes de su filmografía muestran siempre las contradicciones modernistas entre salvajismo y civilización,  entre lo mágico y lo racional, entre el amor y la tragedia, desarrollando con esto un relato que fluye con ritmo perfecto. Murnau, esteta del romanticismo, busca la máxima expresión de la belleza y considera que el realismo debe supeditarse a esa búsqueda de la belleza. A él parece interesarle mas el cómo se relata visualmente algo que lo que se cuenta en sí, la forma esta muy relevada por sobre el contenido, pero siempre con historias de interés como para contener a aquellos que lo consideraren excesivamente  esteticista.
Friedrich Wilhelm Plumpe, nació en la ciudad de Murnau en Westfalia, Alemania en 1888, hijo de comerciantes, estudió Filosofía, Historia del Arte, Literatura y Música, pero su gran pasión siempre fue el teatro.
Participa en la guerra mundial como aviador y es tomado prisionero tras la frontera suiza y persistentemente continúa su labor creativa. El gobierno alemán le pide que dirija películas propagandísticas, a lo que él accede. Cuando conoce la obra de  Griffith, creador del lenguaje cinematográfico como hoy lo entendemos, comienza su aporte al cine como un arte con todas la de la ley. No mucho más tarde en Alemania se estrenaría "El gabinete del Doctor Caligari" de Wiene, película fundacional del movimiento expresionista, y Murnau se vinculará a este movimiento consolidándose como cineasta. Así definitivamente el cine parece consolidarse como arte en Alemania. Es dentro del expresionismo donde se da su primer gran éxito: “Nosferatu”, film en el que registra el mito del conde Drácula,
A partir de entonces Murnau empieza a destacar, junto a Fritz Lang, como uno de los mejores directores alemanes del momento, pasando rápidamente a ser visto como el mejor director del mundo, hecho que se consolida con la producción de “El Último”(1924), su segundo filme. La película sorprendió a todo el mundo inicialmente incapaz de comprender cómo ese alemán era capaz de mover la cámara de esa manera.
La industria cinematográfica norteamericana rápidamente importó a Murnau. Antes de cruzar el Atlántico debió filmar dos largometrajes más en Alemania. “Tartufo”, basado en una obra de Moliere, y “Fausto” de Goethe, que, junto a "Metropolis" de Fritz Lang, fueron las mayores superproducciónes de la cinematografía Alemana clásica.
Después del enorme éxito comercial y artístico de "Fausto", Murnau viaja a Hollywood con un contrato de William Fox, en plena expansión de sus estudios y deseoso de dar a su productora una validación artística mayor. Para ello contrató al director que había asombrado a todo Hollywood por su capacidad creativa y para llevarlo a USA le ofreció unas condiciones solo comparables a las que tuvo Orson Welles cuando realizó su contrato con la RKO. Un sueldo mucho más alto que el de cualquier otro director, total libertad creativa y tener a su disposición los mayores medios técnicos y económicos que pudiera soñar un cineasta en aquella época.

“Nosferatu” es la película que da inicio a la gran obra de Murnau, desarrollando una fama que le otorgara un enorme prestigio hasta hoy como uno de los cineastas que más significativamente se ha proyectado en la historia del cine. Esta obra, basada en la novela de Stoker, da inicio a un culto, seguido por unas cuantas decenas de directores que no han resistido el hacer ”su versión” de la leyenda del Conde Drácula, sin contar con la enorme cantidad de seguidores y coleccionistas de estas obras. Incluso para cineastas de enorme prestigio como el alemán Werner Herzog, y el norteamericano Francis Ford Coppolla, ha sido inevitable hacer referencia a la obra de Murnau.

Ivan Cardenas



 


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