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BERGMAN y LOS COMULGANTES
Tras el éxito popular proporcionado tanto por “El séptimo Sello” como “El Manantial de la Doncella”, Bergman demuestra tener claridad de lo que quiere de su cine y se dispone a realizar tres de sus películas más explícitas.
“Como en un Espejo” (1961), “El Silencio” (1963) y “Los Comulgantes” (1963) componen un grupo compacto de obras con las que exhibe un enfoque de sus obsesiones más esenciales sobre la dificultad de entender la existencia.
En los tres filmes sus personajes viven aislados o en un pequeño pueblo con muy pocos habitantes (Los Comulgantes) y en ese aislamiento se replantean todas sus dudas y viven sus duras experiencias. Aquí se establecen constantes del cine bergmaniano: la necesidad del contacto humano y de ternura, la incapacidad para adentrarse en los problemas ajenos y darles solución, el dolor, la angustia existencial, la falta de fe, la ausencia de un Dios.
En “Como en un Espejo” la incapacidad y distanciamiento del padre para dar a su hija ese calor que necesita y la actitud sorprendida y confusa del marido, que no es capaz de hacerla reaccionar, conducen a un empeoramiento de la enfermedad mental de la protagonista. Los personajes se encuentran atónitos ante lo que les ocurre y no saben o pueden reaccionar.
“Los Comulgantes” da un paso más en la búsqueda inútil de Dios por parte del hombre. Si en “Como en un Espejo” Dios era un difícil remedio a los problemas humanos, aquí su ausencia es total. El sacerdote luterano ya no cree en él y ha entrado en una crisis de fe, pero continúa trabajando como si nada ocurriera.
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Una vez más la soledad y el aislamiento personal de los personajes son imposibles de romper, tanto el amor solicitado por una de sus feligresas enamorada como la angustia de otro de ellos aterrorizado por el peligro nuclear y al borde del suicidio, provocan unas reacciones en el sacerdote que llevan al desastre. Su indiferencia y fracaso ante los nudos que se le presentan lo llevan a una crisis personal, encontrándose totalmente desamparado ante el silencio que encuentra.
La percepción de la necesidad de calor humano en las relaciones y la dificultad en conseguir aportar dicho calor ante la ausencia de Dios, queda reflejada en una puesta en escena cada vez más escueta y fría. En lo visual aquí Bergman utiliza los elementos mínimos para transmitir esa distancia insalvable. Nada tiene que ver con la exhuberancia de “El Séptimo Sello” o de “El Manantial de la Doncella”, la puesta en escena es austera y llena de simbolismo, con paredes desnudas, salvo en la iglesia. Es una obra clave dentro de su filmografía que devela la sintomatología existencial de un tipo de educación y formación religiosa de consistente efecto en generaciones.
LOS COMULGANTES (Nattvardsgästerna)
Director: Ingmar Bergman
Guión: Ingmar Bergman
Año: 1963
País: Suecia
Duración: 78 min. , blanco y negro.
Música: J.S. Bach
Fotografía: Sven Nykvist
Reparto: Ingrid Thulin, Max von Sydow, Gunnar Björnstrand, Gunnel Lindblom,
Allan Edwall, Kölbjorn Knudsen, Olof Thunberg, Elsa Ebbesen, Tor Borong,
Bertha Sannell, Helena Palmgren
Productora: Svensk Filmindustri
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