Es un eje central en la obra de Julio Cortázar la relación del ser humano con la realidad intermediada a través del lenguaje, la relación del escritor con la realidad a través de la literatura, y la relación del artista con la realidad a través del arte. Tengo la seguridad que Antonioni, en busca de una historia que le permitiera jugar y escarbar en el paralelo audiovisual: imagen y realidad comprendió esto en el cuento del argentino. Me atrevo a aventurar la hipótesis de que Antonioni fue un vasto conocedor de la obra de Cortázar, hecho que explicarlo significaría una extensión que acá no cabe pero que podrá de nuevo ser observada en el tratamiento del filme “El Pasajero”.
Cortázar como Antonioni adscriben a una visión política y valórica definida, pero también demuestran un coherente esfuerzo de desmarcarse de los consignismos y dogmatismos imperantes en su tiempo. Antonioni como Cortázar construyen una obra que se propone como una aventura de comprensión, de entendimiento, argumentando lo inhabitual o fantástico como un permanente desestabilizador de la realidad aparencial y obvia, como una exploración liberadora, como un ejercicio de exploración de otras realidades, y sobre todo proponiendo o formulando una obra profundamente antiautoritaria y exigentemente participativa. “El fotógrafo es culpable de literatura, de fabricaciones irreales. Nada le gusta más que imaginar excepciones…”-dice Cortázar-, pero pareciera que lo mismo puede decir Antonioni sobre su fotógrafo.
“Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías. Actividad que debiera enseñarse tempranamente a los niños pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros (…) Cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento, de no perder…”.(en Las Babas del Diablo).
Michel sabe mirar por que es fotógrafo (o es fotógrafo por que sabe mirar). Como meridiano conocedor de la obra de Cortázar no me cabe duda entender que en el cuento de Cortázar la fotografía esta propuesta como una metáfora del arte en su relación con la realidad. Debemos tomar cuenta que Cortázar desde sus primeras ediciones tardías en el inicio de su escritura, y con su trabajo en la UNESCO desarrolló un fuerte proceso de concienciación sobre las complejidades, injusticias también, de la realidad, y desarrolló una obra que simplistamente esta catalogada como literatura fantástica, desconociendo que las raíces y explosiones de la fantasía en su narrativa nacen siempre de inmersiones profundas en la realidad. Vinculado también a la fotografía recomiendo entre tantos leer el cuento “Apocalipsis en Solentiname”(“Alguien que anda por ahí” o “Cuentos completos 2”, Buenos Aires, Alfaguara).
Puedo interpretar entonces que en Blow Up está transferida la problemática Arte-Realidad bajo una metáfora similar: la fotografía como un arte en su vínculo con la realidad, entendido esto en que la búsqueda y representación de una verdad desde la realidad por parte de un artista contendrá siempre un ejercicio liberador, una fuerza liberadora. El arte es eso.
Otro aspecto común entre filme y cuento, interesante de denotar es la circularidad de ambos. En esta obra la secuencia final de “Blow Up” es fundamental para cerrar circularmente el filme. Antonioni siempre cuidó en extremo, además de cada toma de un filme, las últimas secuencias, ya sea para proponer finales a una interpretación abierta (El Pasajero, por ejemplo) o para establecer algún discurso con mayor exactitud. Esta secuencia es una de las más celebres y que más fuerza guarda. El fotógrafo retorna al parque y asiste a un partido de tenis protagonizado por un grupo de mimos de caras pintadas de blanco. Jugadoras y público siguen atentamente las idas y venidas de una pelota entre uno y otro lado del campo de tenis. Las tomas se fijan en los gestos de los jugadores y en el ritmo de los movimientos de los espectadores. Cuando la vista de todos se dirige fuera del campo, significando que la pelota ha caído, el fotógrafo “la toma” y la devuelve al juego. El escenario es perfecto, la escena es muda y solo suena el ruido de una pelota que no existe.
IVAN CARDENAS